Mensaje de la XXIX Asamblea Nacional de Pastoral de la Iglesia Católica

Mensaje de la XXIX Asamblea Nacional de Pastoral de la Iglesia Católica

Los participantes en la XXIX Asamblea Nacional de Pastoral de la Iglesia Católica: Obispos, Laicos, Religiosas y Sacerdotes se dirigen a ustedes, hermanos, para compartirles lo que durante cuatro días hemos reflexionado, aprendido, testimoniado y decidido en el Centro de Espiritualidad Las Tres Rosas, Valle de Ángeles.

Fuimos convocados por la Conferencia Episcopal de Honduras para:
• Sensibilizarnos sobre las amenazas que atentan contra la casa común de Honduras.
• Fomentar la formación y espiritualidad ecológica a partir de la Palabra de Dios y de los documentos de la Iglesia.
• Promover y apoyar la organización de nuestras comunidades en el cuidado y defensa de la casa común.

La Eucaristía, centro del universo, foco desbordante de amor y de vida inagotable y fuente de luz y de motivación para nuestras preocupaciones por el ambiente (Cfr. LS236), la celebramos en un clima de fe y de respuesta a la invitación para ser custodios de todo lo creado. Dedicamos una gran parte de esta Asamblea a conocer mejor lo que está pasando a nuestra casa común hondureña, los síntomas más graves y dañinos de la crisis ecológica que se manifiesta en: contaminación, basura y cultura del descarte; el cambio climático y su impacto en las condiciones esenciales para la vida humana; los problemas y tensiones en torno al agua potable y segura como derecho humano básico fundamental y universal; la perdida de la biodiversidad en nuestros bosques, ríos, mares y el enorme daño que produce en nuestras comunidades las industrias extractivas.

Con el mensaje del Papa en la Laudato Si, hemos aprendido a escuchar el clamor de la tierra devastada por la deforestación que provocan grandes empresas, por una agricultura migratoria, la desertificación por los monocultivos, el uso de agroquímicos y por la quema del suelo, pero escuchamos también el clamor de los pobres que claman vivir con mayor dignidad (Cfr. LS. 49).

Al constatar la persistencia de la pobreza se despertó en nosotros el sentimiento que vemos reflejado en estas palabras del Papa Francisco: “deberíamos exasperarnos ante las enormes inequidades que existen entre nosotros, porque seguimos tolerando que unos se consideren más dignos que otros. Dejamos de advertir que unos se arrastran en una degradante miseria sin posibilidades reales de superación mientras otros ni siquiera saben qué hacer con lo que poseen. Seguimos admitiendo en la práctica que unos se sientan más humanos que otros como si hubieran nacido con mayores derechos” (LS 90).
De las experiencias compartidas sobre gestión comunitaria de micro cuencas, lucha por la tierra en propiedad y buen uso, agricultura y vida familiar ecológica, las concesiones mineras e hidroeléctricas, la energía fotovoltaica y los parques eólicos, hemos aprendido que el pueblo no se ha quedado pasivo ante la destrucción de sus recursos. Las comunidades se han organizado, han protestado, han denunciado los abusos de los empresarios y la indiferencia del gobierno central y municipal para aplicar las leyes y defender las comunidades.

Varios hermanos y hermanos han dado la vida por defender la creación, regalo maravilloso del Señor, mientras otros están siendo perseguidos por el delito de defender sus recursos. Ese camino seguido por nuestras comunidades nos indica que “no todo está perdido porque los seres humanos… pueden sobreponerse, volver a optar por el bien y regenerarse más allá de todos los condicionamientos mentales y sociales que les impongan” (LS 205).

Los testimonios presentados nos han llevado a experimentar la verdad de las palabras del Papa Francisco: “esas acciones (ecológicas) derraman un bien en la sociedad que siempre produce frutos más allá de lo que se pueda constatar, porque provocan en el seno de esta tierra (de nosotros) un bien que siempre tiende a difundirse a veces invisiblemente” (LS 212).

Como la experiencia es “maestra de la vida”, en reuniones de grupo adquirimos algunas enseñanzas de lo expuesto:
 Importancia de la concientización, formación y participación de la comunidad.
 Necesidad de conocer la legislación y los procedimientos para defender los propios derechos.
 Suele haber un patrón de comportamiento por parte de las empresas hidroeléctricas y mineras: falta de información a la comunidad, incumplimiento de las leyes de consulta a las comunidades y del estudio ambiental, escasa participación de las comunidades en los beneficios, etc.
 Ser conscientes de la conflictividad social que generan los proyectos de explotación de bosques, agua, minerales y buscar los caminos del diálogo.
 Constatamos que detrás de muchas actividades que dañan gravemente la naturaleza y la vida de las personas hay intereses económicos y políticos y poco o nulo interés por el bien común.

Hemos aprendido de la originalidad del planteamiento del Papa Francisco sobre la ecología, abarcando los aspectos humanos, sociales y culturales y no reduciéndola a los aspectos ambientales. Reconocemos la importancia que tiene una verdadera comprensión de la ecología para trazar las líneas de orientación y de acción que “nos ayuden a salir de la espiral de autodestrucción en la que nos estamos sumergiendo” (LS 163).

Llenos de esperanza, como Iglesia de Jesús hemos decidido comprometernos a vencer estos dos grandes desafíos:
1. Transformar la insuficiente conciencia, formación y compromiso de nuestra Iglesia para dedicarnos con mayor dedicación al cuidado de la casa común.
2. Eliminar la corrupción e impunidad de empresarios y personas particulares en el uso y abuso de los recursos naturales amparados en políticas públicas deficientes y en la escasa aplicación de leyes ambientales.

A estos dos compromisos pastorales dedicaremos nuestra acción evangelizadora para que la casa común esté bajo el cuidado de todos. Pedimos a María, defensora de la vida, que nos enseñe a cuidar, defender y proteger la creación que el Señor nos ha regalado.

Las Tres Rosas, Valle de Ángeles, solemnidad de San Juan Bautista

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