La fuerza espiritual de Monseñor Romero

 

El 24 de Marzo se cumplen 32 años del asesinato de Mons. Oscar Romero y muchas comunidades y parroquias recordarán su martirio. El como buen pastor optó por la defensa de los derechos humanos al lado de los pobres, proclamó incansablemente la dignidad de la persona humana y denunció con valentía la explotación y la represión. El 23 de Marzo expresó valientemente:

“Yo quisiera hacer un llamamiento de manera especial a los hombres del ejército y en concreto a las bases de la Guardia Nacional, de la policía, de los cuarteles: ¡Hermanos! ¡Son de nuestro mismo pueblo!, ¡matan a sus mismos hermanos campesinos!. Y ante una orden de matar que dé un hombre, debe prevalecer la ley de Dios que dice: ¡NO MATAR!. Ningún soldado está llamado a obedecer una orden contra la ley de Dios. Una ley inmoral nadie tiene que cumplirla. Ya es tiempo de recuperar su conciencia, y que obedezcan a su conciencia antes que a la orden del pecado. La Iglesia defensora de los derechos de la vida, de la ley de Dios, de la dignidad humana, de las personas, no puede quedarse callada ante tanta abominación. Queremos que el Gobierno tome en serio que de nada sirven las reformas si van teñidas con tanta sangre. “En nombre de Dios, pues, y en nombre de este sufrido pueblo salvadoreño, cuyos lamentos suben hasta el cielo cada día más tumultuosos, les suplico, les ruego, ¡LES ORDENO EN NOMBRE DE Dios!: ¡cese la represión!”.

Con esas palabras firmó su sentencia de muerte, pues al día siguiente lo acribillaron en medio de la celebración de la Eucaristía.

Biografía de Monseñor Romero

1. Lectura del texto:

Óscar Arnulfo Romero nació en Ciudad Barrios, San Miguel el 15 de agosto de 1917. Fue el segundo de 8 hermanos de una modesta familia. Su padre, Santos Romero, era empleado de correo y telegrafista y su madre Guadalupe de Jesús Galdámez, se ocupaba de las tareas domésticas. El Salvador era por entonces un país de relativa prosperidad económica (gracias al cultivo y exportación de café), pero dominado por un poder oligárquico que mantenía oprimida a la población campesina. A muy corta edad tuvo que interrumpir sus estudios debido a una grave enfermedad, de manera que a los 12 años trabajaba ya como aprendiz en una carpintería.

En 1931 a los 14 años de edad, ingresa al seminario menor de San Miguel. Allí permaneció durante 6 años hasta que tuvo que interrumpir de nuevo sus estudios, esta vez para ayudar a su familia en unos momentos de dificultad económica. Durante tres meses trabajó con sus hermanos en las minas de oro de Potosí por 50 centavos al día. En 1937 ingresa al Seminario Mayor de San José de la Montaña en San Salvador. Siete meses más tarde es enviado a Roma para proseguir sus estudios de Teología. Es ordenado sacerdote el 4 de abril de 1942 y continúa en Roma un tiempo con el fin de iniciar una tesis doctoral, pero la guerra europea le impide terminar los estudios y se ve obligado a regresar a El Salvador.

Su labor como sacerdote comienza en la parroquia de Anamorós, trasladándose poco después a San Miguel, donde durante 20 años realiza labor pastoral. En esos años, su trabajo es el de un sacerdote dedicado a la oración y la actividad pastoral, pero todavía sin un compromiso social evidente. El país vive sumido en un caos político, donde se suceden golpes de estado en los que el poder queda casi siempre en manos de los militares.

En 1966 es elegido  Secretario de la Conferencia Episcopal de El Salvador. Comienza así una actividad pública más intensa que viene a coincidir con un periodo de amplio desarrollo de los movimientos populares. En 1970 es nombrado obispo auxiliar de Monseñor Luis Chávez y González, elección que no fue bien vista por los sectores más renovadores. Monseñor Chávez y González y Monseñor Rivera (también obispo auxiliar) estaban impulsando los cambios pastorales que el Vaticano II y la Conferencia de Medellín de 1968 exigían para el desarrollo de una nueva forma de entender el papel de la Iglesia Católica en América Latina. Y los planteamientos de Monseñor Romero, nombrado además director del periódico Orientación, eran todavía muy conservadores.

En 1974 es nombrado Obispo de la Diócesis de Santiago de María. El contexto político se caracteriza sobre todo por una especial represión contra los campesinos organizados. En junio de 1975 la Guardia Nacional asesina a 5 campesinos. Monseñor Romero llega a consolar a los familiares de las víctimas y a celebrar la misa. No hace una denuncia pública de lo ocurrido como le habían pedido algunos sectores, pero envía una dura carta al presidente Molina.

El nombramiento de Monseñor Romero como arzobispo de San Salvador, el 23 de febrero de 1977, es una sorpresa negativa para el sector renovador, que esperaba el nombramiento de Monseñor Rivera y una alegría para el Gobierno y los grupos de poder que ven en este religioso de 59 años, un posible freno a la actividad de compromiso con los más pobres que se estaba desarrollando en la Arquidiócesis.

El 12 de marzo de 1977 es asesinado su buen amigo, el padre jesuita Rutilio Grande, que colaboraba en la creación de grupos campesinos de autoayuda. Monseñor solicita al presidente Molina que investigue las circunstancias de la muerte. Ante la pasividad del gobierno y el silencio de la prensa a causa de la censura, amenaza con el cierre de las escuelas y la ausencia de la Iglesia católica en actos oficiales.

En 1980 la postura de Óscar Romero, comienza a ser conocida y valorada por el contexto internacional: el 14 de febrero es nombrado Doctor Honoris Causa por la Universidad de Georgetown, Estados Unidos; en 1979 es nominado al Premio Nóbel de la Paz y en febrero de 1980 es investido Doctor Honoris Causa por la Universidad de Lovaina (Bélgica). En ese viaje a Europa visita a Juan Pablo II y le transmite su inquietud ante la terrible situación que está viviendo su país.

El Salvador vive una etapa especialmente violenta en la que sin duda el gobierno era uno de los máximos responsables. La Iglesia calcula que entre enero y marzo de ese año, más de 900 civiles fueron asesinados por fuerzas de seguridad, unidades armadas o grupos paramilitares bajo control militar. De todos era sabido que el gobierno actuaba en estrecha relación con el grupo terrorista ORDEN y los escuadrones de la muerte.

El 17 de febrero, el arzobispo Romero envía una carta al presidente Carter en la que se opone a la ayuda que los EE.UU está prestando al gobierno salvadoreño, una ayuda que hasta el momento sólo ha favorecido el estado de represión en el que vive el pueblo. La respuesta del presidente estadounidense se traduce en una petición al Vaticano para que llame al orden al arzobispo. Sin embargo, en otros países continúa el reconocimiento a su labor. Por esas mismas fechas, recibe el premio de la Paz de la Acción Ecuménica Sueca.

El cerco se cierra: a fines de febrero, Monseñor tiene conocimiento de amenazas de muerte contra su persona. Recibe también un aviso de similar seriedad por parte del Nuncio Apostólico en Costa Rica, Monseñor Lajos Kada. A comienzos de marzo es volada una cabina de locución de la emisora YSAX, La Voz Panamericana que transmitía sus homilías dominicales. Los días 22 y 23 de marzo, las religiosas que atienden el Hospital de la Divina Providencia, donde vive el Arzobispo, reciben llamadas telefónicas anónimas que lo amenazan de muerte. El 24 de ese mismo mes, Óscar Romero es asesinado por un francotirador mientras oficia misa en la Capilla de dicho Hospital.

2. Para compartir:

¿Qué aspectos de la vida de Mons. Romero llaman mi atención y por qué?.


3.  Compromiso personal y comunitario

¿A qué me compromete lo reflexionado y compartido?

 

4. Oración final

“¿Quién nos separará del amor de Cristo?.

¿Acaso las pruebas, la aflicción, la persecución,

el hambre, la falta de todo, los peligros o la espada?.

Como dice la Escritura:

Por tu causa nos arrastran continuamente a la muerte,

nos tratan como ovejas destinadas al matadero.

Pero no, en todo eso saldremos triunfadores

gracias a Aquel que nos amó”.

(Romanos 8, 34-35)

 

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Mons. Evelio Domínguez Fundador de Cáritas Honduras