La Fuerza Espiritual de Monseñor Gerardi

 

El 26 de abril se cumplirán 14 años del asesinato de Mons. Juan José Gerardi Conedera. En esta dolorosa fecha también se inició una renovada lucha contra la impunidad que tanto preocupaba a Monseñor Gerardi: “Es evidente que el peligro más grave en una sociedad, como colectivo, es olvidar lo que ha ocurrido y para algunos pareciera ser la forma más simple de resolver el asunto. Este olvido tiene un nombre: IMPUNIDAD… No se inculpa a nadie, todo queda guardado bajo un manto de silencio y de miedo. Pero el dolor de las víctimas no desaparece sino que permanece como un aguijón que golpea nuestras conciencias. Los hechores son protegidos por esa impunidad creada por el sistema. La sociedad calla y ese silencio cómplice vitaliza esta situación” (junio 1995).

Que el testimonio de Monseñor Gerardi nos anime a perseverar en la búsqueda de la justicia y de la paz, a seguir sembrando, abonando y podando, superando el miedo y los obstáculos y que como él trabajemos sin descanso por una sociedad diferente, sabiendo que en esta tarea no estamos solos.

Biografía de Monseñor Gerardi

1. Lectura del texto:

Monseñor Juan José Gerardi Conedera, nació en la ciudad de Guatemala, el 27 de diciembre de 1922. Entró al Seminario Conciliar de Santiago, en marzo de 1936,  a los 13 años de edad. Estudió humanidades y Filosofía en el Seminario Conciliar de Guatemala y Teología en el Seminario de Notre Dame, en Nueva Orleáns, Estados Unidos. Fue ordenado sacerdote el 21 de diciembre de 1946 en la Ciudad de Guatemala.

Desempeñó su ministerio sacerdotal en distintas partes de la república. El paso por tantas parroquias rurales le forjó un carácter amable y paciente con la gente, cercano y atrayente. Hizo muchos amigos por cada pueblo que pasaba, De 1948-1951: “visitaba a los enfermos y moribundos sin importarle el clima, la hora, la distancia o el modo de llegar. Generalmente viajaba en una mula o en un caballo que le prestaban. Pero cuando no había bestia disponible, caminaba largos kilómetros a pie por aquellos estrechos caminos, llenos de piedras amontonadas que hasta rompían la suela de los zapatos. A veces regresaba de esos compromisos a media noche, sin comer, pero siempre contento y con deseos de emprender otra jornada.  En una de estas caminatas le llovió a cántaros y a causa de ello, enfermó de neumonía".

Casi trece años pasó de parroquia en parroquia, hasta 1959 en que lo trasladan a trabajar en la Curia, ahí pasó hasta 1967, desempeñando funciones de capellán en la Iglesia de Santa Clara, Párroco de El Sagrario y de Candelaria. Desempeñó diversos cargos: Canciller de la Curia Eclesiástica, Pro-Vicario General, Pro Vicario Judicial y Canciller Secretario hasta 1967.

El 5 de mayo de 1967, el Papa Paulo VI lo nombró Obispo de Verapaz, Cobán. Su ordenación episcopal fue el 30 de julio y toma posesión de la Diócesis el 11 de agosto de 1967. Es nombrado Coordinador del Equipo Nacional de Pastoral de Conjunto, encargado del Departamento de Pastoral Indígena de la Conferencia Episcopal, Coordinador de la 1ª. Semana de Pastoral de Conjunto realizada en 1968 y en 1970  Vicepresidente de la Conferencia Episcopal.

En 1974 es trasladado a la Diócesis del Quiché, tomando posesión el 7 de diciembre. Fue presidente de la Conferencia Episcopal de 1972 a 1978 y Delegado a la III Conferencia General del Episcopado en Puebla en 1979. En 1980 nuevamente es nombrado Presidente de la Conferencia Episcopal y responsable de la Comisión de Pastoral Social-Cáritas. El 20 de julio de 1980, sale de la Diócesis de Quiché a consecuencia de la violencia y la persecución gubernamental. El 6 de septiembre es recibido en audiencia por el Papa Juan Pablo II en Roma y participa en el Sínodo de la Familia. El 20 de noviembre a su regreso de Roma, se le impide entrar a Guatemala y comienza su exilio en Costa Rica. Durante ese tiempo presta sus servicios en la Parroquia de San Juan de Tibás en San José.

Regresa a Guatemala a finales de abril de 1982. Recibe en Alemania el Premio de la Paz que otorga el movimiento Justicia y Paz de la Universidad Católica de Eichstätt, promovido por Adveniat. En 1984 renuncia a la diócesis de Quiché y el Papa lo nombra Obispo Auxiliar de la Arquidiócesis de Guatemala. En 1985 es coordinador de la Comisión de Pastoral. De 1988 a 1991 es miembro suplente de la Comisión Nacional de Reconciliación. El 8 de mayo de 1990 es nombrado Coordinador de la Oficina del Servicio Social del Arzobispado de Guatemala (OSSAG) y después de la Oficina de Derechos Humanos del Arzobispado de Guatemala (ODHAG).

En 1992 recibe el premio de los Derechos del Hombre en Francia. En 1993 el premio del Internacional Human Right Law Group de los Estados Unidos de América y la Orden de la Vera Paz del Instituto Guatemalteco de Cultura Hispánica. En 1994 recibe el Premio de Paz de Diakonía, en Suecia.

El 12 de marzo de 1997 acepta la invitación de Monseñor Julio Cabrera, Obispo de Quiché y participa en la Asamblea Diocesana y en la Misa Crismal. El volver a su antigua Diócesis después de tantos años, significó mucho para él.

El 26 de abril de 1998, fue asesinado en el garaje de la casa parroquial  en pleno corazón de la ciudad Capital. Regresaba de visitar a sus sobrinos y de dejar a su hermana Carmen como de costumbre, fue salvajemente golpeado por individuos que le dieron muerte. Los golpes dejaron su rostro completamente desfigurado.

En la madrugada del 27 de abril  se tejieron dos teorías: crimen de delincuencia común y crimen pasional. La fiscalía inició la investigación, pero desde el momento que toma las evidencias del crimen hay encubrimiento e impunidad. Finalmente las únicas pruebas que se mantuvieron fueron las de carácter político, que apuntaba a una ejecución extrajudicial.

Al momento de su muerte, Monseñor se desempeñaba como Obispo Auxiliar y Vicario General de la Arquidiócesis de Guatemala, Coordinador de la Oficina de Derechos Humanos y Presidente de la Oficina de Pastoral Social de la Arquidiócesis de Guatemala. Era también párroco de la Parroquia de San Sebastián. Había cumplido 75 años de edad, y estaba por presentar su carta de renuncia de acuerdo a la normativa canónica de la Iglesia Católica.

Después de años de investigación y reconstrucción del hecho y de luchar contra la impunidad, en marzo de 2001, inicia el juicio. Se pudo comprobar que se destruyeron las evidencias en la escena del crimen: se movió el cadáver y se colocaron varios objetos. Por las investigaciones se sabe que horas antes de cometer el crimen, alguien pasó distribuyendo comida y bebida a los indigentes que se quedaban en el parque de San Sebastián y que se quedaron tan dormidos que cuando pasaron los encargados de Eventos Católicos a distribuir alimentos como lo hacían todos los domingos en la noche, nadie estaba despierto. También se pudo probar, que Monseñor Gerardi había sido vigilado por la oficina de inteligencia militar ligada al Estado Mayor Presidencial, que se habían intervenido sus llamadas telefónicas y se le había seguido a todas partes.

La sentencia del Tribunal en junio de 2001, arroja que fue un crimen planificado y ejecutado por el Estado Mayor Presidencial, en la que se hallaron implicados como colaboradores o cómplices el sacerdote Mario Orantes Nájera, que trabajaba  en la misma Parroquia como vicario, el Coronel retirado Byron Disrael Lima Oliva y su hijo el capitán Byron Lima Oliva y el sargento mayor Obdulio Villanueva (asesinado en la cárcel el 12 de febrero de 2003). La sentencia fue ratificada por la Corte suprema de Justicia en el 2006.

2. Para compartir:

¿Qué aspectos de la vida de Mons. Juan Gerardi  llaman mi atención y por qué?.

3.  Compromiso personal y comunitario

¿A qué me compromete lo reflexionado y compartido?

4. Oración:

El mismo Señor me ha dado una lengua de discípulo, para que yo sepa reconfortar al fatigado con una palabra de aliento. Cada mañana, él despierta mi oído para que yo escuche como un discípulo.

El Señor abrió mi oído y yo no me resistí ni me volví atrás. Ofrecí mi espalda a los que golpeaban y mis mejillas, a los que me arrancaban la barba; no retiré mi rostro cuando me ultrajaban y escupían.

Pero el Señor viene en mi ayuda: por eso, no quedé confundido; por eso, endurecí mi rostro como el pedernal, y sé muy bien que no seré defraudado. Está cerca el que me hace justicia: ¿quién me va a procesar? ¡Comparezcamos todos juntos! ¿Quién será mi adversario en el juicio? ¡Que se acerque hasta mí!

Sí, el Señor viene en mi ayuda: ¿quién me va a condenar? Todos ellos se gastarán como un vestido, se los comerá la polilla. ¿Quién entre ustedes teme al Señor y escucha la voz de su Servidor? Aunque camine en las tinieblas, sin un rayo de luz, que confíe en el nombre del Señor y se apoye en su Dios. (Isaías 50,4-10)

 

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Mons. Evelio Domínguez Fundador de Cáritas Honduras